Entre campamentos y el mes de Julio y así…
Después de 9 años continuos de pasar esta semana del año en un campamento, este año no pude asistir. Suena algo infantil eso de “campamento” y de cierta manera si lo es, sobre todo cuando ya creces y te das cuenta de que existen dos o tres generaciones abajo de ti.
Muchas veces tuve que asisitir obligadamente a esos campamentos, pero puedo decir que nunca me he arrepentido de haber asistido. Y debo reconocer que hoy si me arrepiento por no haberme organizado para ir. Nunca pense que no ir al campamento me iba a poner triste. Esta semana de cada año no la debo de pasar como cualquier otra. La debo de pasar encerrada en un rancho, sin televisión, internet o radio, haciendo largas filas para comer cosas que en ocasiones no me gustan, lavando platos ajenos y ollas mutantes, durmiendo en una litera y con la preocupación de que por la noche una víbora u otro animal me ataque, bañándome con agua ultramegahelada, despertándome toda picada por los mosquitos y cosas así por el estilo. De verdad extraño lo que es vivir así durante una semana.
Sé que yo nunca voy a los campamentos con la misma intensión que muchos. Yo no iba a buscar a Dios y a aprender cosas de la iglesia. Yo solamente iba a divertirme y disfrutar de ciertos amigos que, por lo general, solo veo en estos días. Pero al final, siempre estos días me servían, no para encontrarme con Dios, sino para encontrarme conmigo misma. Eso de estar alejada de la vida normal durante una semana siempre provocava que las últimas dos noches terminara llorando. Y todos piensan que lloro porque “Dios me está hablando” pero ni al qeqe. Simplemente soy yo que me doy cuenta de muchas cosas, que veo mi vida de otro modo distinto al habitual.
Bueno, ya saqué mi frustración por no estar de niña campera. Espero que todos los niños amigos míos que estén aya se estén divirtiendo y me estén extrañando y me coronen como la reina 2007 ausente.
Besos
Reyna